¿Dónde pasarás la eternidad cuando mueras, en el Cielo o en el Infierno?
Es la pregunta más importante de tu vida. ¿Eres una buena persona? ¿Necesitas salvación?

Aquí hay una prueba rápida para ver dónde estás: ¿Alguna vez has dicho una mentira, robado algo o usado el nombre de Dios en vano? ¿Alguna vez te has embriagado? ¿Has cometido pecados sexuales? ¿Has mirado con lujuria, lo cual Dios considera adulterio en el corazón? Si has hecho estas cosas, Dios te ve como un mentiroso, ladrón, blasfemo, borracho y adúltero de corazón. ¿Qué hay de calumniar a otros, guardar rencor o chismear? Hasta ahora solo hemos visto algunos pecados, pero en el día del juicio tendrás que dar cuenta de cada pecado que hayas cometido, incluso tus palabras, pensamientos e intenciones del corazón serán juzgados. La paga del pecado es muerte. La Biblia advierte que si eres culpable, terminarás en el Infierno. Pero esa no es la voluntad de Dios para ti.

LA VERDAD es que todos hemos pecado y violado las leyes de Dios. No hay justo, ni siquiera uno; todos somos culpables ante un Dios santo. Pero en Su misericordia, Dios ha provisto una manera de escapar de la condenación segura. Envió a Su Hijo a sufrir y morir en la cruz por ti para pagar la pena total de tus pecados. Tú rompiste las leyes de Dios (lo que es pecado), pero Jesucristo recibió el castigo justo en tu lugar para reconciliarte con Dios. La Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16), y “La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Romanos 6:23). Jesús resucitó de entre los muertos, convirtiéndose en el camino de salvación eterna para todos los que ponen su fe en Él. La elección ahora está ante ti. En Jesucristo puedes reconciliarte con Dios, tener vida eterna y el Cielo, o pagar tú mismo el terrible precio del pecado.

EL CIELO está absolutamente lleno de la vida, el amor, la bondad, la paz, la alegría, la belleza y la perfección de Dios. Como dice la Biblia: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Un lugar glorioso y perfecto con calles de oro, árboles de vida, sin maldiciones, sin muerte, y donde Dios enjugará toda lágrima de los ojos. Dios y el hombre habitarán juntos en perfecto amor y unidad en una eternidad gloriosa.

EL INFIERNO, por otro lado, es el destino de todos los que mueren en sus pecados. La Palabra de Dios dice que los ladrones, mentirosos, adúlteros, fornicarios, borrachos e idólatras tendrán su lugar en el lago de fuego y azufre. La paga del pecado es muerte. ¿Te preocupa esto? Debería, ya que la Biblia describe el Infierno como un lugar de tormento, con llanto, lamentos, crujir de dientes, fuego ardiente y la ausencia de todas las cosas buenas que vienen de Dios. En su lugar, está lleno de desesperanza, horror, arrepentimiento, dolor y tormento eterno en el Lago de Fuego que nunca tendrá fin.

¿CÓMO RESPONDERÁS?

Si deseas ser salvo, Jesús dijo que debes nacer de nuevo. ¿Cómo sucede eso? Primero, debes creer y rendirte totalmente a Jesucristo, pidiéndole que sea tu Señor y Salvador. Creer que Él es el Hijo de Dios, que derramó su sangre y murió en la cruz por tus pecados y resucitó de entre los muertos como Señor de todo. Segundo, debes arrepentirte y apartarte del pecado, los ídolos, tus propios planes y toda rebeldía contra Dios. Él no compartirá su templo con ídolos. Deja de servir al pecado y a ti mismo, y comienza a servir a Dios con todo tu corazón, en devoción y obedeciendo sus mandamientos. La Biblia dice: “Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30). Jesús dijo: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3). Tercero, comprométete a ser su discípulo, bautízate y síguelo como Señor por el resto de tu vida. “El que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mateo 24:13). Jesús requiere nuestra rendición total; Él dijo: “Cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33).

Si estás listo para rendir toda tu vida ahora, acércate a Él en oración. Esto no es una fórmula; lo que importa es entregarte completamente a Él…

“Querido Dios, confieso que soy un pecador y estoy separado de Ti. Lo siento y ahora me arrepiento y abandono mi vida pecaminosa para rendirme totalmente a Ti. Perdóname y límpiame. También perdono a todos los que han pecado contra mí. Ahora creo que Jesús murió en la cruz por mis pecados, resucitó de entre los muertos y está vivo. Confieso a Jesucristo como mi Señor y Salvador para siempre. Gracias, Dios. Ahora te seguiré todos los días de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.”

LOS PRÓXIMOS PASOS

Si acabas de hacer de Jesús tu Señor y Salvador, ahora eres hijo de Dios y una nueva creación en Cristo. Jesús dijo: “Si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Los próximos pasos en tu viaje son muy importantes. Lee la Biblia diariamente, conoce la palabra de Dios y obedece todo lo que Él manda. Pasa tiempo de calidad con Él en oración y adóralo en espíritu y en verdad. Reúnete con otros verdaderos creyentes y busca una buena iglesia cristiana. Asegúrate de ser bautizado en agua y recibir el poder del Espíritu Santo lo antes posible. Remueve todo pecado y mundanalidad de tu vida y busca a Cristo. Pide Su gracia abundante para capacitarte y transformarte. Acércate confiadamente al Trono de Su gracia para encontrar misericordia y ayuda para tus necesidades. Busca conocerlo verdaderamente en una relación genuina. Busca primero el Reino de Dios y Su justicia, sírvele y síguelo hasta el fin. Que Dios te bendiga.

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